¿La cultura es todo? La respuesta corta es sí, pero ¿qué abarca ese todo? La cultura es lo que nos rodea de forma omnipresente: está en todas partes y a toda hora. Cultura urbana, ambiental, artística, poesía, música, fotografía, gastronomía. Culturalmente hablando, la sociedad puede estar expuesta en mayor o menor medida a la luz de la cultura y a todo lo que eso implica.

José Carmelo Calabrese Director Artístico y Musical de la Orquesta Sinfónica de Carabobo Fotografía: Saúl Zerpa
Ir a escuchar a una orquesta sinfónica es, inclusive, una actividad que puede mejorar la salud. Desde 1947, la OMS considera que la salud es «un estado de completo bienestar físico, mental y social; no simplemente la ausencia de enfermedad o debilidad». Siguiendo esa línea, en 2019 comenzaron diferentes intervenciones artísticas, entre las que ha destacado la iniciativa de Madrid Salud. «Se ha demostrado que incluir las artes en la prestación de servicios sanitarios favorece resultados clínicos positivos para los pacientes, al tiempo que apoya a otros actores implicados, incluidos los profesionales sanitarios, los seres queridos del paciente y la comunidad en general», afirmó la OMS.
Durante 50 años, la Orquesta Sinfónica de Carabobo ha irradiado luz y salud a la cultura de un estado que la ha visto en casi todas sus facetas. Su aniversario fue celebrado por todo lo alto el pasado 31 de octubre en el Teatro Dr. Alfredo Celis Pérez, en Naguanagua.
La preparación de un músico justo antes de empezar a tocar es un ritual. Algunos conversan, otros se concentran en un pasaje o movimiento complicado y lo repiten sin cesar. No importa si es un integrante nuevo o uno que tiene más de 10 años, la tensión y la ansiedad por salir y ocupar el puesto se sienten alrededor del escenario. Se esconden tras el telón para ver si el público ya ocupa los asientos en su totalidad. Hay risas, abrazos, calentamientos y frases como «impulsa más el aire en el D, no en el A», haciendo referencia a un par de notas (el RE y el LA) en el oboe.
Concertino y director esperan que el orador de orden de inicio al concierto; los músicos se observan. Solamente con mirarse ya saben qué viene, quién entra y cuándo, y si lo que están tocando va bien o no. El director los mira: dos ademanes que incluye una seña, la cuenta, y en sincronía total la música se hace presente.
El concierto, dirigido por el maestro José Carmelo Calabrese desbordó el aforo del teatro. Inició con Don Juan de Richard Strauss, una pieza de narrativa dramática que despertó de inmediato la atención del público. Le siguió El pájaro de fuego de Igor Stravinsky, una obra de asombroso colorido orquestal que evidenció la solidez técnica de la orquesta.

Solista Víctor Marín durante el estreno mundial de Saxofonísima en Naguanagua Fotografía: Saúl Zerpa
Uno de los momentos más esperados fue el estreno mundial de Saxofonísima, suite venezolana del maestro Lucidio Quintero, interpretada por el solista Víctor Marín. La obra, estructurada en tres movimientos —tonada y pajarillo, gaita danza y merengue—, reafirmó el compromiso de la OSC con la identidad musical venezolana. Posteriormente, la emotividad invadió la sala con Elegía, compuesta por el eterno director José Calabrese (padre) en memoria de los caídos en el puente Llaguno en 2002. La interpretación contó con la participación del Coro Académico y agrupaciones invitadas como Sacro Cantares, Voces Yamay y el Coro del CUAM.
Para cerrar un cumpleaños tan especial no podía ser de otra forma que con el cantar más popular de Venezuela en una fiesta: el «Cumpleaños Feliz».
Entonces, la cultura es todo y Carabobo puede celebrar que en su tierra se hace música con orgullo.

