El café puede estudiarse desde varios puntos de vista. Podemos mencionar la agricultura, el comercio, la política, la migración y la vida cotidiana. Por eso, los libros dedicados a él muestran cómo todo lo que sucede alrededor de una taza se ha convertido en lugares de conversación, intercambio intelectual y actividad comercial.
Para casi cualquiera, el día arranca con una taza de café recién servida. Esta costumbre cotidiana sostiene un negocio gigante, la planta se cultiva en cuatro continentes, se consume en los siete y su grano ya llegó hasta la Estación Espacial Internacional a bordo de una máquina de espresso italiana.
Para adentrarse en la literatura sobre el café, primero hay que hablar de Coffee: A Global History, del historiador Jonathan Morris. El texto examina quiénes bebieron café, cómo se preparó en distintas sociedades, dónde se consumió y por qué su sabor varía entre regiones y épocas.
En el libro también se detalla el recorrido del café que abarca siglos y fronteras. Nació entre los bosques silvestres de Etiopía, pasó por las primeras cafeterías del Imperio Otomano y terminó instalado en las grandes fincas de Latinoamérica. Su consumo también cambió la rutina diaria, transformándose desde la clásica preparación filtrada hasta la era de las máquinas de cápsulas y las cafeterías de especialidad.
Una historia sobre el comercio
Por otro lado, Uncommon Grounds: The History of Coffee and How it Transformed our World, de Mark Pendergrast, sigue la historia del café desde sus primeros relatos de origen hasta la expansión de las grandes cadenas contemporáneas. La obra aborda la formación de mercados, las crisis de precios, el comercio justo y los cambios en la cultura del consumo.
Su interés está en mostrar que una bebida aparentemente sencilla participa en procesos económicos y sociales complejos. El café conecta a productores, comerciantes, tostadores y consumidores que pueden encontrarse a miles de kilómetros.
Se convierte en filosofía
El café pasó de ser una baya silvestre en el noreste de África a convertirse en un motor económico y social de alcance global. En The Philosophy of Coffee, el autor Brian Williams sintetizó más de mil años de historia para explicar cómo este grano moldeó hábitos cotidianos, impulsó dinámicas de comercio internacional —con Brasil a la cabeza de la producción mundial— e inspiró innovaciones técnicas decisivas como la invención del espresso.
A lo largo de sus páginas, la obra detalla los momentos clave que transformaron el consumo de la bebida, desde el auge de las primeras cafeterías públicas y sus prohibiciones legales hasta su consolidación en la cultura moderna. Editado con un soporte visual de la colección histórica de la Biblioteca Británica, el texto funciona como una guía sintética y rigurosa para entender la evolución cultural de una de las bebidas más consumidas del planeta.
¿Y en Venezuela?
Hay varios libros de autores venezolanos y sobre el caso del café venezolano que exploran la historia de este producto en nuestra cultura y economía. Se dice que el cultivo se conoció aproximadamente en 1730 de la mano del sacerdote jesuita Joseph Gumilla, pues el origen se remonta a varios años antes, cuando misioneros capuchinos introdujeron las primeras semillas de cafeto desde Brasil hacia la cuenca del río Caroní. De esto habla Arístides Rojas en su crónica “La primera taza de café en el valle de Caracas”, pero historiadores e investigadores como José Rafael Lovera, establecieron la línea de tiempo de las primeras degustaciones de café en la capital venezolana algunos años antes.
Lo cierto es que el cultivo del café, en algún momento de nuestra historia, se convirtió en un gran dinamizador de la economía y contribuyó al establecimiento de centros urbanos, carreteras y puertos.
El gran momento de nuestra economía relacionada al café, y a su vez la agricultura en general, sucedió en 1919, cuando Venezuela ya se encontraba entre los 3 principales productores de café a nivel mundial.
Pero, todo cambió con El Barroso II, el pozo que reventó el 14 de diciembre de 1922 en Cabimas, estado Zulia, y reveló el enorme potencial petrolero de Venezuela. A partir de aquí cayó la producción pues el país se concentró en otro rubro.
Uno de los libros que pasea por la historia es del economista e historiador Rafael Cartay, Un mundo en su taza: Una aproximación rigurosa sobre el café como fenómeno agrícola, social y económico.
A través de un recorrido estructurado, la obra aborda desde la botánica de la Coffea arabica y los procesos técnicos de beneficio seco y húmedo, hasta las rutas históricas de expansión del cultivo desde África hacia Europa y América. Asimismo, examina cómo la aparición de los primeros cafés públicos transformó la vida política e intelectual de diversas naciones.
En el contexto nacional, el texto analiza el período comprendido entre 1830 y 1925, etapa en la que el café sustituyó al cacao como el eje de la economía venezolana. El autor documenta el apogeo del rubro en 1896 —cuando el país llegó a generar el 16% de los cafés suaves del mundo— hasta su posterior declive frente a la irrupción de la industria petrolera.
Alrededor de la taza
Tan importante es la historia detrás del brebaje como lo que ocurre alrededor de él. Por eso, en la lista se incluye Un café con el dictador y otros relatos sin ficción de la periodista Milagros Socorro.
El libro reúne narraciones breves basadas en hechos reales para reconstruir la memoria social y política de la Venezuela del siglo XX. A través de un estilo ágil y directo, el libro recupera episodios cotidianos y encuentros célebres —como una visita a Marcos Pérez Jiménez en prisión o un recital de Pablo Neruda en Barquisimeto— para dibujar un retrato histórico lejano a la realidad contemporánea.
El título apela a una costumbre profundamente arraigada en la identidad venezolana: la mesa servida con café como espacio de encuentro, conversación y memoria compartida, donde la política, los afectos y las grandes historias del país terminan por contarse siempre alrededor de una taza.
Leer sobre café no sustituye la experiencia sensorial, pero cambia la manera de observarla. Es una puerta hacia preguntas sobre territorio, trabajo, gusto, memoria, e incluso arraigo.
Por : Sara Pacheco
